La educación no tiene edad

Son las nueve de la mañana y ya está en la clase de Educación para Adultos, con una sonrisa en la cara y unos libros que contienen mucha esperanza.

Lastimosamente, no tuvo la oportunidad de estudiar durante su infancia, ya que prefirió trabajar para poder ayudar a su madre y el resto de sus hermanos. Durante su vida ha desempeñado varios trabajos, principalmente como empleada doméstica.

Elena viene de una familia de doce hermanos y hermanas que crecieron luchando por darle a su madre una mejor oportunidad.

A sus 32 años, doña Elena se siente motivada a estudiar, y a graduarse en el futuro. Su motor son sus hijos, quienes además de animarla a continuar estudiando, también fungen como pequeños mentores.

“Mis hijos me empujan a estudiar, ellos incluso me obligan a hacer mis tareas y me ayudan a corregirlas.”

Sumado a su principal motivación, también está muy feliz porque ella confía que, a través de obtener una mejor educación, podrá obtener una mejor oportunidad laboral. Por esta misma razón, también motiva a sus hijos a esforzarse diariamente, para que cuando crezcan puedan tener mejores oportunidades que las que ella tuvo. Este es su primer año y se encuentra en la fase inicial de Educación para Adultos. Asiste tres días a la semana. Recuerda que al regresar a su casa, luego de su primer día de clases, sus hijos la estaban esperando ansiosos por saber cómo le había ido.

“El primer día que regresé de clases, mis tres hijos me esperaban en la casa y me pidieron ver mi tarea para ver si la había hecho bien.”

Su hijo mayor, Cristian, ingresó a Camino Seguro hace cuatro años. Luego se incorporaron también, sus hijos Juan, y el menor, Gerson, quien está en el Jardín infantil. Doña Elena confiesa que ahora se siente confiada de ir a trabajar o venir a estudiar, ya que sabe que sus hijos están en un lugar seguro.

“Ahora yo tengo la oportunidad de ir a trabajar tranquila porque estoy confiada que mis hijos están estudiando en un buen lugar,” Doña Elena confiesa,” me siento muy feliz y agradecida por la ayuda que Camino Seguro me ha dado,” ya que gracias a ese apoyo, sus hijos tienen acceso a útiles escolares, alimentación, uniformes y lo más importante: acceso a una mejor educación.

La historia de Doña Elena es una historia de esperanza, que se convierte en una oportunidad a través de la educación. Tus donaciones importan, y nuestras familias son quienes más lo valoran.